Carta a Juan Pablo II
Autor: Marta Álvarez Grau
2 de Abril de 2005
Muy querido Santo Padre Juan Pablo II:
Tu partida me llena de gozo porque el Señor te llama al Cielo la víspera del día de Su Divina Misericordia y durante Su Pascua de Resurrección. Mi alegría es inmensa porque confirmo cuánto te ama Dios y porque sé lo mucho que deseabas abrazar a tu Señor Jesucristo y besar a tu amada Madre, la Virgen María. Santo Padre partes con gran serenidad, con la mente lúcida, el corazón humilde y repleto de amor por la humanidad. Te has ido valeroso como siempre, levantando en alto tu estandarte de la fe católica para exhortar al mundo a luchar por la causa de Dios y de los hombres. ¡El más digno final para el Vicario de Cristo!.
Con júbilo agradezco a Dios la gracia que te permitió dar tantos frutos durante tus 26 años de Pontificado. Siempre te recordaré como el Papa de los múltiples atributos que te distinguen como un hombre de profunda espiritualidad, santo y grande. Además de excelente estadista, brillante escritor y eficiente comunicador, alcanzaste con tu jovialidad y carisma, el trofeo monumental del Gran Evangelizador. Con honor has anunciado la Buena Nueva en 60 idiomas diferentes y has llevado la Palabra de Dios a todos los continentes, a todos los pueblos y razas, hasta los confines de la tierra. ¡La más digna labor del Príncipe de los Apóstoles!.
Doy gracias al Señor por ti Juan Pablo II, porque con tu último suspiro has cerrado con broche de oro tu misión en la Iglesia y en el mundo. Son tantos tus méritos y tus logros que no sería posible enumerarlos todos, pero principalmente, fuiste fiel defensor de la vida humana y de la paz mundial, siempre firme en cuestiones tocantes a la doctrina, al dogma, al Magisterio y a la tradición apostólica. Tus viajes por el mundo reafirmaron con gran claridad la posición de la Iglesia y ahora en tu último viaje te vas acompañado del amor de millones de personas que deseamos verte gozar en el Cielo de la visión Divina sentado al lado de Jesús. ¡El más digno lugar para el Sucesor de Pedro!.
Karol Wojtyla, hijo de Polonia, ciudadano del mundo y de nuestros corazones, gracias por tu humildad y tu lucha constante por fomentar la fraternidad y el perdón entre los hombres, esfuerzo bendito que nos ha motivado a ser cada día mejores seres humanos. Me arrodillo como ferviente católica y te rindo homenaje fiel servidor de Dios y adalid de la dignidad y de la libertad humanas. Rezo en silencio unida a todos tus hijos en Wadowice, Cracovia, Roma, México y en el mundo entero, para agradecerle a Dios por tu preciosa vida humana y sacerdotal y pedirle encarecidamente, que te deje siempre muy cerca protegiéndonos e intercediendo por nosotros. Con el corazón rebozando de lágrimas, pero, con el ánimo lleno de esperanza te digo ¡Adiós Santo Padre, descansa en paz, Tú has sido el más digno Siervo de los Siervos de Dios!